Creció en mi frente un árbol. Creció hacia adentro. Sus raíces son venas, nervios son sus ramas, sus confusos follajes pensamientos. Tus miradas lo encienden y sus frutos de sombras son naranjas de sangre, son granadas de lumbre. Amanece en la noche del cuerpo. Allá adentro, en mi frente, el árbol habla. Acércate, ¿lo oyes?
- Nous sommes donc réconciliés, cher monsieur Porthos? dit-elle en minaudant. - Pour la vie, répliqua Porthos sur le même air. - Au revoir donc, mon traître. - Au revoir, mon oublieuse.